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Ronda y su Goyesca

La cuidad de Ronda se vuelca con su Goyesca y la Goyesca se vuelca con su cuidad. Desde por la mañana los visitantes lo llenan todo y los lugareños se echan a la calle contagiados del bullicio. Ignoro los habitantes de Ronda que van a los toros, pero me imagino que están en franca minoría, ellos viven la corrida desde fuera, como el acontecimiento del año. Hoteles, restaurantes, bares y calles abarrotadas para ver el desfile de las cuadrillas en coche de caballos hasta la plaza.

La plaza, que pasa por la más cara del mundo (mi entrada de fila uno de sombra alta me costó 155€) se lleno de “No hay billetes”, coincidiendo con una terna atractiva y con que el primer sábado de septiembre se empalmaba con las vacaciones de agosto. Según nos comentaron, se está barajando la posibilidad de cambiar las fechas de su feria al último fin de semana de agosto para aprovechar el tirón de os que están de vacaciones. Total, si se han cambiado las fechas de la Feria de Abril, nada nos puede extrañar.

Morante de la Puebla cuida el detalle y la liturgia de la fiesta al detalle. Ayer se presentó con un original vestido, en distintos tonos de beige, inspirado en el de los antiguos bandoleros de la Serranía, con unas taleguillas sin ajustar y larga madroñera, que hacía un conjunto armonioso y digno de admirar. Nuestra enhorabuena al torero, a la diseñadora y a cuantos artesanos han trabajado en él. Lo acompañaba de un capote de seda “rosa empolvao” nos dijeron, con el que paró su primer toro en clásicas verónicas.

La corrida de Juan Pedro Domecq, fue muy desigual de presentación y de comportamiento, predominando la falta de fuerzas, de poder y de raza. El comienzo de retrasó 20 minutos porque Cayetano estaba en la enfermería. El primero de Morante, con poca fuerza, fue noble en la muleta y la faena se llenó de arte y torería. Los pinchazos se llevaron los trofeos. Sin fuerzas y a la defensiva el incierto cuarto, en el que Morante hizo un esfuerzo por ambos pitones logrando pasajes de calidad. Mató de estocada desprendida y le pidieron infructuosamente la oreja.

Cayetano se encontró con un segundo de mucha nobleza y calidad en la muleta, y al que toreó a placer, pero muy despegado. La faena tuvo más fachada, de desplantes y gestos a favor del público, que calidad. Mató de una estocada trasera recibiendo y le dieron las dos orejas. El encastado quinto fue el más toro de la corrida. La faena de Cayetano irregular, despidiendo al toro hacia fuera, y donde los aplausos más sinceros se los llevó la banda de música por una floreada interpretación de “La Concha Flamenca”. Mató de media tendida.

Rora Rey está en un momento que impresiona a todos los públicos. Se pone en el sitio que todos los toros tienen por fuerza que embestir, y ni rectifica ni se mueve. Así viene saliendo a triunfo por tarde. El tercero tenía muy pocas fuerzas y apenas los picaron. Pero se vino arriba con clase en la muleta. La faena de Roca asustó por quietud y cercanías. Estocada desprendida y dos orejas. El último fue un toro difícil que solo tiraba gañafones, cabezazos y “giñás”. Roca de la jugó a base de quietud, pero también de tirar del toro sin moverse un ápice. Mató de media y le dieron una oreja. Indiscutible triunfador.

Mención aparte merece el piso de la magnífica e histórica plaza de toros de la Maestranza de Ronda. En la parte de contra querencia parecía una playa, irregular y llena de desniveles, hasta un caballo se cayó él solo de un traspiés antes de que llegara el toro. Moránte también pisó un agujero y cayó en la cara del toro, que hizo por él y a punto estuvo de costarle un disgusto. Y Sánchez Araujo perdió una zapatilla perseguido por el toro después de un quite. Tan magnífico evento, en ese marco histórico, merece la perfección en todos los detalles.

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La mala suerte de Morante en El Puerto, y usted que lo vea

Como siempre que torea Morante en El Puerto, esperanzas de ver algo distinto, y más después de salir a hombros el día anterior en Huelva. Para irnos preparando, un grupo de morantistas irredentos, todos viejos amigos, nos fuimos a almorzar a Bespoke, donde Claudio nos prepara un menú maridado con vinos de Jerez. Allí van cayendo las copas de fino, amontillado, oloroso, cream, el pedro ximénez para acabar con el moscatel soleado, de las bodegas de Gutierrez Colosía, de forma que cuando sales al cabo de las tres horas de charla, ya te va importando menos el resultado de la corrida.

Desgraciadamente se cumplió la tradición y Morante no estuvo bien en El Puerto. Sólo tres magníficas verónicas, dos chicuelinas y un galleo para poner al toro graciosamente en suerte. Después la gran bronca. He ido a ver muchas veces a Morante en El Puerto, y lo que más tengo son malos recuerdos. Desde una cornada cuando a los pocos días tenía organizado el viaje y las entradas para verlo en San Sebastián, un mano a mano con José Tomás en el que tuvo que meterse un rato en la enfermería para recuperar el aliento, o el fracaso del mano a mano del año pasado con el Juli que le hizo cortar la temporada. Pero es que miro la estadística de sus actuaciones en El Puerto, y en los últimos 12 años consecutivos, ha toreado 15 corridas y sólo les ha cortado orejas a tres toros, y en las últimas ocho se ha ido de vacío. Lo dicho, mala suerte, porque ayer a su segundo cuvillo se lo echaron para atrás y sobrero de San Pedro tenía muy poca clase y fue muy brusco.

Lo mejor de las faenas de Manzanares fueron sendos pasodobles que de la magnífica banda de esta plaza. El “Suspiros de España” sonó sublime y sólo de oírlo ya apetecía pedir la oreja. Mientras, estuvo toreando en su estilo, muy lejos del toro, despegado y en diagonal. Sus dos toros, rajados, sobre todo su segundo, tampoco ayudaron mucho. El toricantano, Daniel Crespo, muy poco placeado, estuvo muy tranquilo. Destacó su buen estilo y, sobre todo, su quietud. Mató de sendos bajonazos, el primero impresentable, y cortó una oreja en cada toro. Los que aconsejan a este torero deberían convencerlo de que hay que tirarse a matar por arriba, aunque los que defendemos que para dar orejas hay que matar sin ventajas, quedamos en entredicho.

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El Juli golea con los reservas y Morante dice que se va

En la tarde noche del domingo 12+1 de agosto, había anunciado un mano a mano de Morante con El Juli en El Puerto de Santa María. Este último venía retar al artista en su segunda casa, pensando que Sevilla sigue siendo la primera. Cada uno traía sus toros, nada de sorteos. Morante de Cuvillo y El Juli de Daniel Ruiz. Morante lidió los suyos, pero los favoritos de El Juli, no servían, tuvo que traer los reservas de Santiago Domecq. Pues con los reservas goleó, cinco orejas y un rabo en una tarde redonda. Le plantó cara al Levante y a Morante, y demostró por qué lleva en figura los años que lleva. Exprimió a sus toros hasta el último pase en faenas larguísimas (hasta 7 veces escuchamos los pasodobles) y mató con su típico “julipié” trasero a sus tres toros. Hay que reconocer el pundonor y la inteligencia de este torero que estuvo cumbre toda la tarde, con independencia de que guste más o menos su toreo rectilíneo y sin apreturas.

La noticia vino después, “Morante se va”, espero que no sea por el fracaso de la tarde en la que no quiso ver a ninguno de sus toros. Primero se lo leímos a Álvaro Acevedo en Cuadernos de Tauromaquia, y después a los portales taurinos. Toro grande, que no se mueve y así no puedo seguir. Estoy igual de anonadado que ustedes, no doy crédito, y espero que sea un pronto y que el artista recapacite y vuelva en sí.

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En El Puerto Morante puso el arte y Cuvillo la decepción

He comentado varias veces que cuando se viaja para ver toros, hay que valorar en lo que valen, el almuerzo anterior y la tertulia posterior. En este caso el almuerzo de la esperanza fue con morantistas irredentos, Juan y Aurelio López, los que le regalaron al artista el biombo de Gallito, Lorenzo Clemente del blog lagrantemporada, José Morente del blog larazonincorporea y mi compañero de abono de Sevilla Juan Luis Villanueva, que me suele dar muchos titulares de los artículos de la Feria.

La corrida tuvo un protagonista, el arte de Morante, posiblemente el último artista que tengamos en el escalafón. Estuvo con ganas toda la tarde noche (la corrida comenzó a las 20 horas). Toreó de capa primorosamente y con la muleta suplió con la profundidad de su arte la falta de toro que tuvo, su primero sin fuerzas ninguna a pesar de no ser picado, y el segundo descastado y sin decir nada. Lástima que pinchó sus dos toros, si no estaríamos hablando de orejas.

Cayetano entró sustituyendo al lesionado Manzanares, pero con distinta suerte y condiciones que la de Ferrera el viernes. En su primero, que se quedó parado a la tercera serie, no aprovecho las dos primeras, y en su segundo, manso y rajado, estuvo más cerca de lo que hace Padilla que de él mismo, mientras el público femenino lo piropeaba. Ginés Marín le cortó una oreja a su primero en una faena pulcra que no pasará a la memoria y se peleó con su segundo, manso y topón.

La ovación de la noche, y en pie, fue para dos soberanos pares de Iván García, marcando los tiempos, dejándose ver, incluso esperando a toro arrancado, y clavando en lo alto. También sonó una fuerte ovación para un milagroso quite de Ginés Marín a la salida de un par de Carretero que salió trastabillado con el toro pegado al galope.

El domingo volveremos para ver a Morante (tres toros, más oportunidades), para almorzar en compañía de morantistas jartibles (el del toro es turismo de calidad y gasto), y volveremos a contarlo, espero.

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Mejor negros que coloraos

Los veedores de los toreros, sus expertos en reatas, sus peones de confianza o quienes quiera que les aconsejen sobre el orden de sus toros, no se han ganado el sueldo esta tarde. Si los tres primeros toros de la corrida se hubieran lidiado los tres últimos, a estas horas estaríamos hablando de la corrida de la Feria, con no menos de tres o cuatro orejas. Los tres primeros negros de Núñez del Cuvillo han sido bravos y encastados como para salir de triunfador de la Feria. El colorao cuarto un manso de carreta del Rocío, el quinto otro colorao cinqueño que salió en manso y acabó en bravucón, y el sexto, afortunadamente negro, otro toro encastado pero sin llegar a la calidad de los primeros.

Morante, que estrenaba un precioso terno coral quisquilla y oro, quemaba su última corrida, y ha estado queriendo toda la tarde. En su primero le hemos visto con la muleta pases profundos, pero a la faena le ha faltado quizás mando para dominar a su encastado enemigo. La estocada quedó tendida y el toro murió en bravo, y esta tardanza enfrió algo la petición de oreja, que el presidente no concedió. Si en vez del “abreplaza” hubiera sido el cuarto era de oreja sin discusión. Cuando todos estábamos esperanzados en su último cartucho salió un manso al que a duras penas enjaretó unas verónicas y unas chicuelinas, y al que no podían sujetar ni dos capoteros con la experiencia de “Lili” y Carretero. Visto lo cual, Morante tomó las banderillas y le zampó al manso y huidizo tres pares en los terrenos que pudo, el último al quiebro. No veíamos banderillear a Morante desde los seis toros de Ronda, y hay que reconocer que derrocha arte hasta poniendo banderillas. La faena fue imposible. Lástima no estar en La México para pedir el sobrero.

Aunque parezca un contrasentido, hemos visto a Talavante demasiado sereno. Su primero era un toro de triunfo grande por lo que transmitía, y se ha quedado en oreja después de una faena sin pisar el acelerador. Con su segundo no se peleó como se merecía y no pudo completar el éxito. David Mora, toreó bien a su bravo primero, pero pinchó, y en su segundo ya pesaba la tarde demasiado y la faena no tomó vuelos.

En resumen, una tarde entretenida pero una pena de tarde, que podía haber sido de triunfos grandes. Felicitar al ganadero, y constatar que de esto de toros no entienden ni las vacas. Si no que alguien explique por qué el fracaso ganadero de Domingo de Resurrección en contraposición con los magníficos toros que hemos visto hoy.

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Cuando no hay emoción

La corrida del martes en Sevilla puede ser un buen ejemplo de la corrida moderna. Se lidiaron los toros modernos que han acabado de imponer las figuras, o lo que quieren que sea el toro moderno. Noble, obediente y descastado. Pero la realidad es distinta a los deseos. Cuando la falta de casta hace que el toro no se nueva o rompa en manso, el espectáculo es imposible. Pero aun cuando el depósito de fuerzas los hace moverse un poco, sus embestidas son sin ninguna trasmisión, sin profundidad, con las miradas perdidas, como si no quieran embestir, y así el lucimiento es imposible.

Cuando la emoción no la pone el toro la tiene que poner el torero, y eso es un problema. Morante, que quizás sea el único torero capaz de emocionarnos ante un toro sin emoción, dejó entrever en su segundo la categoría de toreo que atesora. Perera intenta poner la emoción con sus cercanías, y Javier Jiménez con su juventud y buena lidia. El resultado un festejo tedioso y aburrido, en el que ya no sabes cómo sentarte ni de qué hablar con los vecinos y en el que los efectos del almuerzo en la Feria hacen que veamos más de una cabeza alrededor. Mala cosa.

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Agua y kilos

Los Toros son, probablemente, el espectáculo en que menos se ha cuidado al cliente que paga. Piensen que en pleno siglo XXI estamos viendo corridas en las mismas condiciones que las veían nuestros antepasados del siglo XIX. En los tendidos de La Maestranza, la misma piedra, el mismo poco espacio, el mismo sol, la misma lluvia. En definitiva, la misma incomodidad. Otros espectáculos has evolucionado con cubiertas, aire acondicionado, sillones y otras comodidades propias de los tiempos modernos. Pero en los Toros somos más tradicionales, queremos las cosas como antaño, incómodas.

De la corrida de Garcigrande poco les voy a poder contar, sólo he visto muchos kilos y poca casta. Un desfile de toros descomunales, que no tenían ni bravura ni casta para mover semejante masa. El cartel más “rematado” de la Feria, se vino abajo por algo previsible, con tantos kilos es difícil moverse. Con tanto paraguas alrededor y evitando los temidos chorreones, no es posible mantener un dialogo serio, pero algo hemos hablado sobre el por qué hemos sacado a los toros de los tipos de sus encastes, por qué los equipos gubernativos echan tanto toro para atrás por “falta de conformación zootécnica”, creo que le dicen, por qué tanto toro falto de casta, por qué tanto toro parado. En resumen, por qué tenemos tantas y tantas tardes en las que pasa tan poco en el ruedo.

Morante y Talavante han pasado desapercibidos y El Juli ha cortado una oreja de farolillos en el único que medio se ha movido, el único que parecía tener una masa corporal normal. Poco, muy poco para el cartel más “rematado” de la Feria.

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La primera en la frente

Voy a escribir algo de la corrida del Domingo de Resurrección por disciplina no porque tenga nada que decir, ya que nada pasó.

Para el aficionado sevillano el Domingo de Resurrección es el día más importante de la temporada. El día que estrenamos plaza e ilusiones, que saludamos a los amigos y vecinos que no vemos desde el anterior septiembre, y que nos felicitamos de seguir teniendo salud, dinero y afición para volver a los toros. Pero la corrida de Núñez del Cuvillo acabó con todas las ilusiones. Descastada, sin poder, sin alma, sin emoción y aburrida. Eso sí noble y obediente, por eso la piden las figuras. Llama la atención que esta ganadería que el año pasado lidió 12 toros seguidos, de los que sirvieron 11, este año de los seis, nada de nada. Desde el manso y descastado primero, hasta el descompuesto sexto, pasó muy poco.

A Morante lo hemos visto muy centrado, intentando lidiar a sus dos toros y enseñándoles el camino. Una media inconmensurable quedó para el recuerdo. Creo que a poco que le ayuden los toros está dispuesto. Manzanares lidió el único medio potable con su estilo despegado, en diagonal y estético, pero no cuajó. Roca necesita un toro con motor para demostrar su toreo, pero no movió los pies del sitio que elegía en toda la tarde. Aquí me pongo y aquí te lo doy, sea como fuere.

La única buena noticia el lleno de no hay billetes.

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Morante completa el despacho de Joselito el Gallo

La historia comenzó en Zafra, en la última corrida que Morante toreo en esa magnífica ciudad. Juan López es un gran aficionado algecireño que a sus ochenta y muchos años sigue a Morante en cuanto tiene la menor ocasión, que son muchas. De tantos años y corridas que le ha visto, se hicieron amigos y es el proveedor de los puros que vemos fumar al artista en el callejón. Al terminar la corrida de Zafra le dijo el torero que se pasara por el hotel que quería charlar con él un rato. Ya desvestido le dijo a su mozo de espadas “Primo ¿Qué otro vestido hemos traído hoy?” El azúcar moreno, fue su contestación. “Pues sácalo que se lo voy a regalar a Juan porque quiero que tenga un recuerdo mío para toda la vida”. La cosa fue tan sorpresiva que nadie salía de su asombro, ni el primo, ni Juan, que estaba emocionado con semejante regalo, pero el Artista es así. El traje luce actualmente en la casa de Juan en una hornacina confeccionada al efecto.

Ya en el camino de vuelta a Algeciras, con su hijo, mi buen amigo Aurelio, empezó a darle vueltas de cómo podría corresponder semejante regalo. Pero llegó a conclusión de que era imposible, pero sí quería regalarle algo que también para él fuera para toda la vida. Vieron pinturas, esculturas y otras cosas pero nada le convencía. Sabiendo del gusto por todo lo antiguo del toreo y de su gran admiración por Gallito, del que compró su despacho, nos contactó para saber si quedaba algo más de Joselito. El antiguo despacho estuvo muchas años en Pino Montano, lo recuerdo de niño jugando en él, y después lo tuvo mi tía Piruja, hija de Ignacio, en su casa. A su fallecimiento, los hijos decidieron venderlo porque a ninguno les cabía en su casa.

Hicimos la gestión con su hija, mi prima Paloma, y me comentó que quedaba un biombo del antiguo despacho en manos del anticuario que no se había vendido. A Juan le encantó, y dicho y hecho, lo adquirió para regalárselo al torero. Le encajaba todo, de Joselito, antiguo (según el anticuario más de dos siglos) y precioso por más señas. Curiosamente cuando estaba junto con despacho en Pino Montano no le decían el biombo, sino la transparencia, no me pregunten por qué.

Juan quiso que en la entrega le acompañáramos mi prima y yo, y fue para nosotros un privilegio escuchar cómo le repetía las mismas palabras que el torero le dijo en Zafra “José Antonio, yo también quería hacerte un regalo para toda la vida, y sé que este lo va a ser para ti”. Al torero le encantó, tanto por la belleza del biombo, perdón de la transparencia, como porque había compartido espacio con el despacho de Joselito el Gallo. Aprovechamos para ver el antiguo despacho de José, desde cuya sillón se movía todo el mundo del toro de la época. No ha podido llegar a manos que lo valoren tanto como las de Morante, tanto que no le gusta que nadie se siente en el sillón de José, en las sillas sí, pero el sillón sigue siendo de Joselito. Después de todo el día en La Puebla del Río, Morante nos despidió ya de noche, diciendo que se quería quedar solo en el inmenso salón donde está el despacho para pensar dónde iba a poner el biombo. El Artista es así.

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Entre Sevilla y Cádiz

El Cortijo de la Sierra está entre los límites provinciales de Sevilla y Cádiz, los dos sitios en que dividía el mundo Fernando Villalón. El Cortijo de la Sierra guarda para mí entrañables recuerdos de infancia y juventud. Mi padre llevaba la ganadería de D. Fernando de la Cámara y, como no le gustaba viajar solo, me llevaba con él al campo. Allí he visto infinidad de tentaderos, sentado en un taburete alto en el burladero con mi padre y D. Fernando, callado y escuchando las incidencias de la faena, supongo que me fui haciendo el gusto de aficionado.

El otro día tentaron allí, Pepe Luis Vázquez y Morante de la Puebla, y la hija de D. Fernando, y actual ganadera, Rocío de la Cámara, sabiendo de mis gustos de aficionado me avisó con tiempo suficiente para poderme organizar y gozar de un día inmejorable. Ahora mismo me dan a elegir dos toreros para ver un tentadero y me quedo con esos dos. De los toreros actuales, Morante, junto con José Tomás, Talavante y Roca Rey, son los únicos que ofrecen algo verdaderamente distinto, y, junto con los toros de Miura, de los pocos que me hacen viajar hoy día, a ver una corrida lejos de Sevilla.

Pepe Luis es la naturalidad, lo mismo habla que torea, todo con él parece fácil. Si no llegó más lejos fue por su natural falta de ambición. No necesitaba llegar más lejos, lo natural era quedarse ahí, dejando públicos embobados con su facilidad torera, y diciendo: “hasta la próxima”. No ha perdido ni un ápice de torería y da gusto verlo torear de capote y muleta. Con esas medias, que son más bien cuarto y mitad, esos naturales y esos adornos únicos.

Morante es quizás el único torero que nos quede de los que llamamos “artistas”. Desde la retirada de Curro, nadie se nombró tanto como él para ocupar su sitio. Es, además, un torero estudioso de lo antiguo, sobre todo de la Edad de Oro del toreo. Gran admirador de Joselito el Gallo como torero total. Dice que sólo hay que leer “El arte de birlibirloque” de José Bergamín, para darse cuenta que Gallito fue el torero más grande. Sin ir más lejos este año se ha confeccionado dos trajes de luces basados en fotos de los de Joselito. El del Domingo de Resurrección en Sevilla era uno de ellos.

Morante es un tipo genial dentro y fuera del ruedo. Aprovecha los tentaderos para intentar quites novedosos o desusados. El que intentó en el Cortijo de la Sierra no le salió como quería, pero volverá a intentarlo. En un video le hemos visto hacer el olvidado “Galleo de bu” de Joselito con el capote a la espalda, y en la tertulia posterior le preguntamos si era posible vérselo hacer a un toro y de luces. Comentó que se necesitaba un toro con tranco y recorrido, porque tendría que sacarlo él así del caballo, recortarlo tres o cuatro veces, que también necesitaba unas buenas piernas para ello, y que no siempre las tenía. Si es capaz de hacerle eso a un toro pone la plaza bocabajo y sería el quite, no ya de la temporada, sino de varias temporadas.

A veces, lo mejor de los tentaderos viene después, en la tertulia posterior. En este caso, la reunión posterior estuvo a la altura de la faena campera. Rocío de la Cámara es una magnífica anfitriona, y el Cortijo de la Sierra, un lugar excelente para debatir del presente y el futuro de los toros, de las ganaderías y de sus dificultades. Si a esto añadimos el nivel de los interlocutores, miel sobre hojuelas En definitiva un día inolvidable, de los que se repiten rara vez y que me hizo evocar ni niñez y juventud cuando uno se iba formando el criterio de aficionado. Sólo nos queda agradecer la velada a la ganadera y desearle la mejor de las suertes para la temporada venidera.