Cuando quedan pocas fechas para que se vote en el Parlamento Catalán la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para prohibir los Toros en dicha Comunidad, leemos en mundotoro.com que la Comunidad de Madrid también ha tenido que admitir a trámite una ILP similar, si bien, en este caso, cuenta con pocos visos de seguir adelante.
En esta bendita democracia que no ha tocado vivir, estamos a merced de las mayorías, como debe de ser. Pero en algún caso, pasamos a la dictadura de la mayoría, como parece que vamos a pasar con la prohibición de los Toros en Cataluña, y más ahora en plena vorágine antiespañola por lo de su Estatuto.
A mí, por poner un ejemplo, no me gustan las monterías (con lo que le gusta a un taurino una montería). Es más, estoy por asegurar que a la mayoría de los españoles no les gustan las monterías. Pero no por ello iniciamos una ILP para prohibirlas sobre la base de la crueldad de la suerte, y del sufrimiento de los animales acosados por los perros, heridos y rematados. Como no me gustan, pues no voy y punto, pero respeto a los que les gustan, comprendo que disfruten por cómo (y cuánto) lo cuentan, y entiendo la labor social, económica y ecológica que hacen. Igual que las monterías se podrían prohibir las romerías, los conciertos al aire libre o la pesca deportiva, o sea, cualquier otra actividad que a la mayoría de una comunidad con poderes transferidos no les guste. Prohibir todo con lo que no comulgue la mayoría no es el camino, de ninguna manera.
La iniciativa de ABC por la libertad de ir a los toros ha tenido mucho éxito. El domingo pasado en la Monumental de Barcelona lo que se gritaba era “Libertad”, que es lo que debemos de exigir desde cualquier ámbito de actuación. Toda privación de libertad es un paso atrás que damos, toda parcela acotada por la Administración pública es un retroceso de las libertades privadas. Debemos de exigir a los políticos que nos dejen elegir en libertad y que dejen de prohibir en parcelas que son privadas.
