Esta moda de anunciar dos hierros en cada corrida es algo que no acabamos de entender. Si el viernes tuvimos a Victoriano del Río y Toros de Cortés y el sábado a Garcigrande y Domingo Hernández, ayer tuvimos a Torrehandilla y Torreherberos. Se pueden justificar los desafíos ganaderos que monta el Sr. Casas con miuras y victorinos, pero a esto de que vengan dos hierros por tarde no se le ve explicación. Si son del mismo dueño y del mismo encaste, que los unan o que vengan de uno sólo, porque así es un lío que va a acabar sin que sepamos las ganaderías. Pero si el sábado ocho toros no pasaron el reconocimiento y ayer fueron otros cinco, la cosa puede empezar a tener una explicación.
El cartel no ha tenido la suficiente fuerza como para llenar la plaza, aunque sí ha habido una buena entrada. Los toros con poquita raza y flojos, han propiciado una nada boyante tarde, en la que se ha picado por mero compromiso. Paquirri y El Cid venían vestidos de forma idéntica, en color y bordados. De Paquirri lo esperado. El Cid estuvo bien con su segundo, pero este torero necesita más toro para lucir.
El Fandi ha estado cerca de cortar una oreja en Sevilla. Su segundo, muy cornalón, era un toro de triunfo, porque transmitía, pero después de una faena vulgar, el toro se echó aburrido y la petición no fue mayoritaria. La música, visto lo visto el día anterior, le ha tocado a El Fandi a rabiar, desde el principio y hasta el final. Parece que le han leído la cartilla al director, que, por otra parte, sí eligió bien los pasodobles para las banderillas, con los floreados números de trompeta que tanto gustan aquí. Al menos en banderillas no distraen la faena.
