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De José a Juan, un siglo de toreo la verónica

En la tarde de ayer miércoles fue inaugurada la exposición pictórica “De José a Juan, un siglo de toreo a la verónica” con obras del pintor Álvaro Ramos. El acto tuvo lugar en las instalaciones del Círculo Mercantil e Industrial en la sevillana calle Sierpes, e interviniendo, además del pintor, el maestro de la verónica Fernando Cepeda y moderados por el periodista Álvaro Acevedo. El acto fue presentado por el presidente del Circulo Mercantil José María González Mesa.

La exposición consiste en 23 pinturas de otros tantos toreros interpretando el toreo a la verónica, puede que la suerte más bella del toreo según se comentó en la presentación, abarcando un siglo, desde José Gómez Ortega “Gallito” a Juan Ortega. El artista comentó que a cada torero le había intentado buscar su personalidad en la interpretación de la suerte, no son pinturas realistas, sino expresionistas que tratan de buscar las emociones que encierra cada pase interpretado por cada torero.


La muestra incluye 23 obras y ha estado expuesta en varias localidades inaugurándose en la Plaza de Toros de Las Ventas. Incluye pinturas de los toreros: Joselito El Gallo, Juan Belmonte, Cagancho, Curro Puya, El Soldado, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Manolo Escudero, Mario Cabré, Ángel Luis Bienvenida, Antonio Ordoñez, Luis Segura, Antonio Gallardo, Curro Romero, Rafael de Paula, Manolo Cortés, Curro Vázquez, Pepe Luis Vargas, Fernando Cepeda, Morante de la Puebla, Pablo Aguado y Juan Ortega.


Existe un catálogo en donde cada verónica viene comentada por el periodista Gonzalo Bienvenida, y un extracto se muestra junto a cada cuadro. Les detallo alguno de los que más me han gustado:

Gallito: En sus manos elevadas una vez pasada toda la embestida, se encontraba el conocimiento absoluto del toreo. Fue el Rey de los toreros. Con Joselito El Gallo se inaugura este recorrido a cien años de toreo a la verónica. Su toreo a la verónica es etéreo por su falta de asentamiento, prácticamente de puntillas, con el compás abierto como dictó Bombita, con las mencionadas manos altas. Cuando en 1920 se cruzó ‘Bailaor’ de la Viuda de Ortega en la vida de Joselito, ya había sentado las bases del toreo venidero con tan solo 25 años.

Pepe Luis Vázquez: Su verónica era un monumento a la naturalidad, en ocasiones a pies juntos, otras veces con el compás abierto. Un concepto único basado en el temple, la suavidad y la armonía. Un equilibrio de gracia, hondura, belleza. Su sabiduría, fruto de una intuición descomunal unida a una aguda inteligencia, marcó una época en la historia de la tauromaquia por su personalidad por encima de sus números.

Antonio Ordoñez: Su facilidad con el capote era fruto de un don divino. Había mucho valor en confiar siempre que iban a responder los toros a su invitación: la colocación exacta, el cite oportuno, la acción ganada antes del embroque. Un sentimiento bien construido. Fue capaz de aunar en su toreo el arte y el valor de una forma clásica, bella, inmortal.

Curro Romero: Dueño de todas las pasiones, capaz de lo sublime y lo nefasto. Una marca imborrable en cada verónica dibujada. El liviano capote cogido con las yemas de los dedos, muy cerca de la esclavina para que pase cerquita. La pierna adelantada, el pecho lo ilumina todo. El pasito para la siguiente, el temple en el fino trazo. Romero se quedaba embelesado al contemplar las fotografías de Curro Puya. De aquella admiración aprendió a tomar el capote cortito, con esa delicadeza.

Fernando Cepeda: Su verónica reunía la capacidad de la espera al momento exacto para enganchar la embestida, el temple para llevarla cosida y el remate más allá de la cadera. Vertical, hundido, asentado. Muy puro. Fernando Domínguez decía que no comprendía cómo el toreo se equiparaba al flamenco en cuanto a su estética, porque bailando uno tiene que crecer, mientras que toreando uno se tiene que hundir sobre sus talones. Cepeda sabía hundirse con los toros.

Morante de la Puebla: Aúna todos los valores de la tauromaquia clásica. El más completo capotero de la historia y, al mismo tiempo, el más bohemio. Cuando Dios quiere torear a la verónica se encarna en Morante de la Puebla. Dentro de la trayectoria de José Antonio ha habido varios toreros distintos. Geniales, auténticos, puros. Una trinidad dividida por la maduración del cuerpo y del alma. Porque, en el caso de Morante, es el cuerpo entero el que torea. La tauromaquia vive hoy la presencia de Morante como un oasis de clasicismo.

Juan Ortega: En Sevilla le han tocado la música en tres ocasiones con el capote, por su forma de parar las embestidas, por la preciosa manera de componer, por el ritmo impregnado de sus muñecas. Su toreo ha ido evolucionando en una dirección fija, el de la eternidad. Arrebato, entrega, arte… En palabras de Juan: ‘La profundidad es algo que persigo sobre todo lo demás porque es lo más admiro. Educo al cuerpo para tener esa expresión que alcanza el toreo profundo’.


La exposición podrá verse en el Cirulo Mercantil e Industrial, de lunes a domingo, del 11 al 14 de abril de 17 a 21 horas y el domingo 19 de abril de 11 a 14 horas. No se la pierdan


@isanchezmejias