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Abono Sevilla 2008

La que se nos viene encima

Ayer, invitado por mi buen amigo Miguel Valdivia, almorcé en Real de la Feria, en la caseta de la Tertulia los 40, donde entregaban un premio al toro “Borgoñés” de la ganadería de Victorino Martín con el que el Cid estuvo cumbre en la Feria del pasado año. Me encanta esto de que den tantos premios taurinos, y esta tertulia de tanta solera, los ha instaurado este año, bienvenido sea. A partir de hoy la plaza de la Maestranza se transforma un poco, no mucho no crean. Con independencia de los visitantes, que se mimetizan con el público de Sevilla bastante bien, los que nos transformamos somos algunos de los sevillanos. Las cervecitas, manzanillitas y rebujitos nos ponen contentitos. Los diminutivos siempre los utilizamos para quitarle importancia al número de veces que hemos vaciado los vasos y a sus efectos.

De lo que voy a oír en mi tendido a partir de hoy habrá alguna parte que no voy a poder contar. Menos mal que si el nivel de contentito en el Real no da para llegarse hasta la plaza, se regala la entrada a cualquier familiar, amigo o acreedor; que en eso hay verdaderos expertos recolectores de última hora.

Lo que si oigo hoy es que algunos abonados han vendido la entrada. Es distinto vender la entrada que cederla. El benefactor, sin duda agradecido al cedente, se comporta y trata de dejarlo en buen lugar, no vaya a ser que al día siguiente alguien le diga al titular, lo impresentable que estuvo quien ocupó su sitio y pierda ese privilegio para otra ocasión. Pero si el que viene ha pagado por su entrada es ya otro cantar. No suelen ser habituales de los toros y, la verdad, es que muchas veces nos dan la tarde, y nos tenemos que contener de decirles cualquier guasa. Además de los no habituales se nos vienen encima los 300 litros de agua que dice la Web de los americanos que van a caer hasta el jueves.

La tarde con los Juan Pedro iba de rotundo fracaso, sin fuerza, ni casta, ni nada. Al cuarto ya no lo aguantaron más y lo devolvieron. El sobrero de Parladé fue peor aún. El quinto fue anovillado y protestado de salida, pero esperado lo visto con el siguiente sobrero de Parladé, se prefirió dejarlo en el ruedo. Castella hizo su toreo de quietud sin pasar a mayores. El sexto, del que también oigo que era anovillado, nos dio la sorpresa. Bajo el diluvio Manzanares lo cuajó con su natural personalidad y le cortó dos orejas.

Al final los comentarios: que si rozó la gloria, que si por esto merece la pena venir a los toros, que tampoco fue para tanto, y cuando uno dijo,”anda, vámonos pal pescaíto”, se acabó la tertulia bajo el agua.

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